Desde la década del 90 en adelante, con la restauración del esquema democrático en Chile, se habla de que estamos en un proceso de “transición” hacia, supuestamente, un país que haya superado los episodios lamentables de quiebre político y constitucional, de tal modo que dicho avance nos haga salir del “subdesarrollo” como país. Con tal fin, políticos, gobernantes y hasta clérigos interpelan (y
se interpelan mutuamente) a la sociedad civil con tal de aunar esfuerzos que nos conduzcan a dicha superación.
Pero, al parecer, este proceso de transición se ha “estancado”. Se nota un cierto malestar frente al manejo de la economía, del sistema político, judicial, electoral. Ciertos “logros” como país, tales como el exitoso desarrollo económico del país, o el poder exitosamente ejercido por una concertación de partidos democráticos, no guardan relación con esta percepción de malestar creciente en la sociedad. Algo huele mal, y desde hace tiempo. Los logros que se nos han prometido aún no llegan. El canto “
…la alegría ya viene” suena como un eco cada vez menos audible, cuando esperábamos estar, a estas alturas del juego, cantando otro tipo de sueños.
(Ensayo para el curso "Historia del Siglo XX chileno" dictado por el prof. Alfredo Jocelyn-Holt)
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